El Concurso de Arquitectura Kaira Looro demuestra un año más cómo la arquitectura es una respuesta fundamental para abordar los desafíos sociales y ambientales de la humanidad. Organizado por la entidad internacional sin ánimo de lucro Balouo Salo, el certamen invita a arquitectos, estudiantes e ingenieros de todo el mundo a explorar cómo el diseño puede mejorar vidas y fortalecer a las comunidades más vulnerables.
Cada edición transforma una necesidad humanitaria real en un reto global, animando a proyectistas emergentes a desarrollar propuestas innovadoras, sostenibles y sensibles al contexto.
El tema de la edición 2026 es el diseño de un Centro Comunitario en el sur rural de Senegal, concebido como un espacio cívico dinámico para la educación, la cultura, el diálogo y el emprendimiento. La propuesta surge directamente del trabajo de campo de Balouo Salo, garantizando que la investigación arquitectónica responda a prioridades locales reales.

Fotografía: © COPYRIGHT BY BALOUOSALO.
Se solicitó un complejo de aproximadamente 1.000 m² (entre espacios interiores y exteriores) capaz de acoger usos educativos, culturales y productivos. Las bases priorizaban la flexibilidad, la respuesta climática, la autoconstrucción, el bajo impacto ambiental y el uso de materiales locales.
El jurado de la edición 2026 ha estado presidido por Kengo Kuma e integrado por los arquietctos y arquitectas David Adjaye, Benedetta Tagliabue, Amanda Levete, Manuel Aires Mateus, Mario Cucinella, Giancarlo Mazzanti, Agostino Ghirardelli, Urko Sánchez, Raúl Pantaleo, Saad El Kabbaj, Driss Kettani, Emmanuelle Moureaux y Mohamed Amine Siana.
Su labor se complementa con la del Comité Científico, compuesto por Raoul Vecchio (fundador de Balouo Salo y Kaira Looro), Sebastiano D’Urso, Grazia Maria Nicolosi, Dario Distefano y Moulaye Diebate (cofundador de Balouo Salo).
Los tres proyectos premiados proceden de Grecia, Polonia y Colombia, junto a menciones a equipos de Isla Mauricio, Canadá, Corea del Sur, China, México, Uruguay, Vietnam, Irán y Jordania.

El proyecto reinterpreta la casa impluvium tradicional de la Casamance para transformarla en un centro comunitario continuo. La planta se organiza mediante un arco semicircular, alargado y torsionado, que alberga de forma secuencial el acceso cubierto, la biblioteca, el área de estudio, un espacio comunitario central, el taller, el almacén y los servicios.

Esta geometría curva evita los pasillos cerrados y genera una transición fluida entre el interior y el exterior. Toda la infraestructura converja en un anfiteatro central pavimentado con grava de laterita, que actúa como escenario colectivo y cuenca de infiltración pluvial.
El elemento unificador es una cubierta a dos aguas con cumbrera asimétrica cuyos extremos descienden casi hasta el suelo. Funciona como un dispositivo climático que genera sombra permeable. Su estructura se resuelve con pórticos de bambú local (columnas dobles y vigas pareadas en V) y un revestimiento que combina paja bajo chapa metálica. Un descalce en la cumbrera favorece la extracción del aire caliente por convección y permite la entrada de luz cenital.

Cinco volúmenes exentos de tierra compactada (laterita, arena y una mínima adición de cemento) alojan los usos específicos. En puntos clave, los muros se perforan con calados geométricos a modo de celosía (moucharabieh) para la ventilación cruzada. Al ser independientes de la estructura portante, permiten integrar portones abatibles de bambú que transforman el edificio en un pabellón diáfano.


Diseñado bajo una lógica de autoconstrucción humanitaria, este proyecto se organiza de manera racional dentro de un volumen rectangular construido con bloques de tierra comprimida (BTC) de producción local.
A lo largo de la fachada longitudinal, un corredor exterior conecta de forma independiente el área educativa, el espacio de oración, la zona de talleres (divisible en tres módulos), el salón multifuncional y el núcleo de servicios.

En el centro del complejo se ubica una plaza pública protegida del sol. Su perímetro se resuelve mediante un sistema de paneles pivotantes de gran formato, tejidos a mano con fibras de palma y tintes naturales locales. Este mecanismo regula la ventilación cruzada, protege de las lluvias monzónicas y permite transformar el recinto de un pabellón abierto a un volumen cerrado y resguardado.



El proyecto surge de la observación de la sabiduría ancestral y se concibe como una extensión del paisaje. La propuesta se funda en una excavación en forma de media luna dividida en módulos pareados mediante patios abiertos. Estos vacíos introducen luz cenital tamizada y ventilación cruzada, funcionando además como superficies agrícolas productivas y un ágora protegida del calor.

Se materializa con muros de contención de hormigón, gaviones desmontables y muros de tierra laterítica roja extraída de la propia excavación. El forjado es de hormigón aligerado con neumáticos reciclados dispuestos como encofrado perdido, una losa preparada para ser colonizada por la vegetación. La cubierta apoya sobre columnas de bambú Guadua rellenadas internamente con hormigón. En el perímetro, agrupaciones de cuatro cañas arriostradas en diagonal soportan los amplios aleros. La organización espacial orbita en torno a un árbol preexistente, verdadero símbolo de reunión en África Occidental.

El premio también supone una oportunidad profesional para los arquitectos galardonados: El primer premio incluye una dotación económica de 6.000 euros y una práctica profesional en Kengo Kuma & Associates en Tokio. El segundo premio incluye 2.000 euros y una práctica en uno de los tres prestigiosos estudios internacionales colaboradores: Benedetta Tagliabue EMBT en Barcelona, David Adjaye Associates en Nueva York o SBGA | Blengini Ghirardelli en Milán; mientras que el tercer premio incluye 1.000 euros y el acceso al mismo programa de prácticas.
Kaira Looro es el único concurso internacional de arquitectura gestionado íntegramente de forma no lucrativa, donde el 100% de la recaudación se invierte en los proyectos benéficos de Balouo Salo. Cada inscripción contribuye directamente a iniciativas que mejoran el acceso a la atención médica, la educación, el agua potable y las infraestructuras esenciales en zonas desfavorecidas del África subsahariana.
El Concurso Internacional Kaira Looro muestra cómo la arquitectura es una de las herramientas más poderosas de las que disponemos para construir un futuro más equitativo, sostenible y compasivo.
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Publicado: Jul 24, 2026