Caá Porá Arquitectura* es un estudio con base en Ecuador, dirigido por Gabriel Moyer Pérez y Paula Izurieta, cuyo trabajo se centra en una arquitectura sensible al territorio, a los ecosistemas y a los contextos sociales y culturales en los que interviene. A lo largo de su trayectoria, el estudio ha desarrollado proyectos vinculados al paisaje, la investigación, la educación, la conservación ambiental y el turismo comunitario, incorporando conocimientos locales y artes de la construcción vernáculas como el uso de la madera, la guadua, la tierra, el bahareque y sistemas constructivos de bajo impacto. Su interés no está solamente en recuperar estas técnicas, sino en actualizarlas y ponerlas en diálogo con necesidades contemporáneas, criterios técnicos y procesos participativos.
*El nombre Caapóra o Caá Póra viene del guaraní donde se escribe Ka'a póra. Mientras que ka'a se traduce al español como: hoja, planta, selva, vegetal en general; y póra (nombre de una leyenda paraguaya) se traduce como fantasma por lo que el nombre se significaría fantasma de la selva o espíritu del bosque (Wikipedia)
La Estación Biológica WildSumaco fue el primer proyecto diseñado y construido por Caá Porá Arquitectura junto a Francis Marion University. Actualmente, el estudio continúa trabajando con ellos en la segunda fase del proyecto WildSumaco, consolidando una colaboración que articula arquitectura, ciencia y territorio en un lugar de enorme biodiversidad.
La Estación Biológica WildSumaco se ubica en las afueras de la comunidad de Pacto Sumaco, al pie del volcán Sumaco y de la primera zona núcleo del Parque Nacional Sumaco Napo Galeras, en el punto donde la pendiente andina se encuentra con la respiración húmeda de la alta Amazonía. Es uno de los territorios de mayor biodiversidad del Ecuador y por tanto del mundo, un lugar donde el bosque no funciona como telón de fondo sino como materia, clima, sonido, sombra y medida. Construir aquí exige escuchar antes de imponer, tomar el contexto en su totalidad como punto de partida y no como obstáculo.

Fotografía: GMP Photos.
Caá Porá Arquitectura fue convocada por la Universidad estadounidense Francis Marion, que investiga en la zona desde hace más de veinte años y buscaba ampliar su infraestructura para replantear su relación con el entorno. El encargo no se entendió únicamente como la construcción de un edificio para la ciencia, sino como la posibilidad de generar proximidad entre quienes investigan y aquello que estudian.

Plan de la estación biológica. Ver ampliación.
Esta primera etapa, pabellón de investigación, es apenas el punto de partida de un campus más amplio, concebido como plataforma de investigación y educación: desde este año la universidad ofrecerá cursos intensivos a sus estudiantes y compartirá el espacio con las familias de Pacto Sumaco, formando futuros biólogos y guardaparques comunitarios con herramientas de vanguardia, al tiempo que aprende de los guías naturalistas del lugar.
Por esto la obra se planteó como un taller antes que como una obra convencional: sus futuros usuarios, comuneros y biólogos, participaron directamente en la construcción. Fue también un intercambio de saberes. La comunidad aportó su conocimiento del bosque y sus técnicas de preparación de materiales; los biólogos, las estrategias de aislamiento climático necesarias para los laboratorios; los arquitectos, los ensambles y el aprovechamiento del espacio. Cada técnico se emparejó con más de quince ayudantes comunitarios contratados que, con el tiempo, se convirtieron también en maestros. La reducción de traslados y el uso de materiales cercanos no fueron solo una decisión logística, sino una manera de asegurar que el edificio no terminara sintiéndose como un lugar aparte, escondido en el bosque, sino como una extensión de la comunidad, un punto desde donde planificar el cuidado del entorno que la rodea.

Fotografía: Caá Porá.
La implantación responde a una ética de mínima intervención. El edificio se acomoda a la topografía existente y se ubica entre los árboles, evitando casi por completo la tala. No abre un vacío en el bosque: encuentra un claro posible, una pausa dentro de la vegetación. Al elevarse sobre el suelo natural, permite que el terreno siga activo, que el agua circule, que la humedad respire y que la fauna menor permanezca. Es una arquitectura que toca el sitio con cuidado, consciente de que cada apoyo modifica una trama mucho más amplia que la del propio edificio.

Planta baja. Ver ampliada.

Planta alta. Ver ampliada

Sección longitudinal. Ver ampliada.

Sección transversal. Ver ampliada.
El proyecto se organiza en dos niveles. Abajo, el laboratorio concentra la investigación y el análisis. Arriba, el aula y el observatorio de aves, sin cerraduras, abierto a todos, permiten mirar el bosque desde otra altura, no como dominio sino como cercanía, acercando el cuerpo humano al dosel, a los recorridos de las aves y a la luz filtrada entre las hojas. Los cerramientos de mosquitero y vidrio de piso a techo, con protección para aves, abren el interior al paisaje sin que la transparencia se convierta en un gesto ingenuo ni ponga en riesgo a la fauna. La cubierta inclinada recoge las lluvias, acompaña el clima y traza una silueta que parece responder al ritmo irregular del entorno.

Fotografía: JAG Studio Photos.

Fotografía: JAG Studio Photos.

Fotografía: JAG Studio Photos.
La materia del edificio proviene, en su mayor parte, del propio territorio: la caña guadua, la madera estructural, las fibras y las piedras se cosecharon o compraron a distancias cortas, bajo criterios de sostenibilidad. Toda la tierra empleada en las paredes de bahareque, combinada con cabuya y cal sobre la caña guadua, salió de la misma excavación realizada para el biodigestor y los cimientos, en una envolvente de baja huella ambiental y alto valor térmico. La caña en los cielos rasos y los acabados naturales no funcionan como una estética ruralizada, sino como una decisión técnica, cultural y ambiental a la vez. Los materiales se pensaron además por su potencial didáctico: la madera estructural queda vista en luces de seis metros, y el tejido del bahareque se expone en ciertos tramos para explicar su propia construcción.
La Estación Biológica WildSumaco ofrece un espacio de trabajo e investigación cuya construcción altera mínimamente el entorno natural en el que se ubica.

El volumen longitudinal se orienta con sus fachadas más extensas hacia el eje norte-sur para evitar la incidencia directa de la radiación solar.

En el edificio se diferencian dos áreas principales: por un lado, la zona de acceso y subida al mirador —un núcleo opaco diseñado junto a expertos para el estudio de las aves a través de aperturas estratégicas en las fachadas—; por otro, dos alas destinadas a la reunión y la investigación que se plantean muy permeables para permitir una circulación continua de aire. Estas áreas de trabajo están protegidas por una celosía vertical inspirada en el sistema constructivo Shuar, la cual ahuyenta a los pájaros y proporciona una visibilidad controlada hacia el exterior, al tiempo que limita la visión hacia el interior para preservar la privacidad.

Tipologías de referencia: vivienda Shuar, izquierda, e interior bajo cubierta 'vaca loca' Kichwa.
El edificio se remata con una cubierta de gran pendiente y amplios aleros apoyada sobre postes, que evoca las cubiertas tradicionales conocidas como «vaca loca» de la cultura Kichwa. En la Estación, esta estructura se ha resuelto mediante una solución metálica que se aprovecha para la recogida del agua de lluvia.

Cimentación. Fotografías: Caá Porá.

Construcción del forjado de piso e instalación de columnas de madera. Fotografías: Caá Porá.

Estructura de madera. Fotografías: Caá Porá.

Los elementos que conforman el bahareque: tierra procedente de la misma excavación y fibra de cabuya; pruebas de bahareque y aplicación sobre entramado de caña de guadua. Fotografías: Caá Porá.

Acopio de caña de guadua para la construcción. Fotografías: Caá Porá.

Colocación de suelo y tejido de caña guadua en paredes de madera. Fotografías: Caá Porá.

Aplicación de baharaque en el núcleo de dos alturas de la Estación. Fotografías: Caá Porá y GMP Photos.

Sección constructiva.

Fotografía: JAG Studio Photo.

Fotografía: JAG Studio Photo.

Fotografía: JAG Studio Photo.

Fotografía: JAG Studio Photo.

Fotografía: JAG Studio Photo.

Fotografía: JAG Studio Photo.

Fotografía: JAG Studio Photo.
Para minimizar las instalaciones necesarias para el funiocnamiento de la Estación, el tratamiento de aguas grises se resuelve mediante un biodigestor que depura el agua usada del edificio a través de procesos biológicos naturales antes de su infiltración controlada en el terreno, evitando descargas directas sobre el ecosistema y reduciendo la dependencia de infraestructuras externas.


Fotografía: JAG Studio Photo.
WildSumaco no pretende dominar la naturaleza. Su fuerza está en volverse permeable a ella: es un edificio para investigar mientras se habita y enseñar mientras se observa, que recuerda que, en ciertos territorios, construir no significa ocupar, sino aprender a pertenecer.
Arquitectos: Caá Porá Arquitectura
Cliente: The FMU Education Foundation
Colaboradores: Josué Fernández, Andrea Rodríguez, Gen Moya
Ingeniero estructural: Patricio Cevallos
Constructores: Caá Porá Arquitectura, Jimmy Erazo, Las Manos Sucias/Filou Frichou, Fabián Suntasig, Willian Mora, Comunidad Pacto Sumaco: Elisa Zarria, Isidro Barre, Rober Andi, Jimmy Morales, José Andi, Anderson Andi, Wilson Andi, Antony Morales, Rogen Morales, Vannesa Andi, Dariana Andy, Daira Andi
Mobiliario: Bernardo Jarrín
Área: 280 m²
Año: 2025
Localización: Pacto Sumaco. Ecuador
Fotografías: JAG Studio // GMP Photo
Fotografía: JAG Studio Photo.
Editado por:
Publicado: Jul 9, 2026