Mónica Alberola gana el Concurso público para el proyecto de Ampliación y reforma de La Escuela Nacional de Sanidad. Una ejemplar obra de madurez de la arquitecta, donde consigue –con medios muy limitados– los objetivos propuestos de mejorar la accesibilidad, la eficacia energética y la confortabilidad de los nuevos espacios, a través de la recuperación y puesta en valor del antiguo pabellón del racionalismo madrileño de los años 30, y la creación, de un gran atrio de acceso, que va a conectar y articular los antiguos pabellones entre sí y con los nuevos del auditorio y la cafetería. Una envolvente ligera de aluminio cohesiona y ordena el conjunto edificado, que queda enmarcado dentro de un estudiado y sugerente entorno ajardinado.

Fotografía: Alberto Amores
En 2019, el Instituto de Salud Carlos III —organismo dependiente del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, pese a su nombre vinculado a la sanidad— lanzó un concurso para renovar la Escuela Nacional de Sanidad, ubicada en el campus de Chamartín (Madrid), en el antiguo recinto del Hospital del Rey. El proyecto, que no se terminaría hasta noviembre de 2025, afecta a dos edificios de naturaleza muy distinta: un pabellón de los años 30 (el pabellón 7, de docencia y administración) y la Biblioteca de Ciencias de la Salud (edificio 8), de los años 80, ambos en un importante estado de deterioro.

Volumetría final. Ver PDF

Operaciones volumétricas. Ver PDF

Fotografía: Alberto Amores
La intervención, liderada por Mónica Alberola —arquitecta con una larga trayectoria en restauración, que trabaja con un estudio mínimo que ella misma define como «un taller de costura»—, fue ganada en concurso público junto con Guiomar Martín y Enrique de Teresa, que en obra se desvincularon y se incorporó María Casariego. El proceso de ejecución se ha visto muy condicionado por la aparición de muchos problemas en cuanto a instalación y estructuras que han limitado mucho los recursos. Los ‘modificados’ surgen constantemente en la conversación con Mónica Alberola, en gran medida porque la pandemia de 2019 coincidió con la redacción del proyecto de ejecución: el Instituto de Salud Carlos III cerró, impidiendo las visitas de obra por lo que se sabía poco de la realidad estructural de un edificio que era suma de ampliaciones, añadidos… Todas las sorpresas que se fueron encontrando al tener acceso a la construcción y que hubo que asumir fueron recortando partidas menos esenciales.
El relato de Mónica Alberola es muy expresivo: “Cuando llegamos a hacer el gas, aquí no había gas, aunque nos habían dado los planos del gas. Y luego, la fibra, que daba servicio al hospital, pasaba por debajo del edificio de la biblioteca y no podíamos cortarlo para hacer la cimentación. Hemos tenido muchísimos problemas en cuanto a dotaciones que nos habían dicho que había y no existían o estaban mal, y que ha habido que resolver, en detrimento de soluciones interiores o detalles que quería cuidar.”
Ha sido una obra de gestión muy dura que ha podido llevarse a cabo con calidad gracias a la larga experiencia de la arquitecta que reconoce que si llega a tener que enfrentarse con ella con treinta años no la hubiera podido sacar adelante.

Plantas. Ver PDF
El concurso de 2019 planteaba unificar los dos edificios existentes mediante la creación de un gran espacio común que sirviera como punto de encuentro para todo el campus, no solo para la Escuela Nacional de Sanidad. La pieza central sería un auditorio que pudiera acoger tesis, entrega de premios, presentaciones de productos farmacéuticos y otros actos institucionales. Paralelamente, existía un proyecto cercano para una cafetería central que inicialmente no formaba parte del concurso. La demolición de unas zonas muy deterioradas y de difícil acceso —debido a la compleja topografía del lugar— permitió unificar ambos proyectos, lo que la arquitecta valora como una oportunidad para hacer «una propuesta mucho más compleja».
La persona clave detrás de la idea de renovar la Escuela Nacional de Sanidad era José León Paniagua, arquitecto Coordinador de las Áreas de Obras, Mantenimiento, Asuntos generales y Equipamiento científico, en el Instituto de Salud Carlos III, y que estuvo muy implicado en la construcción de centros de salud desde su puesto como Subdirector General de Obras, Instalaciones y Suministros del INSALUD (1994–1997). “La idea que él tenía era, por una parte, renovar esas instalaciones obsoletas y, por otra parte, que se crearan ciertos espacios que pudieran servir para todo el campus, de manera que los investigadores tuvieran un punto de encuentro informal que pudiera generar sinergias comunes entre investigadores de distintas áreas. Y es por eso por lo que el concurso plantea ese atrio grande”, apunta Mónica Alberola.

Fotografía: Alberto Amores
El pabellón 7, el más antiguo (c. 1930), alberga las aulas y la administración. La descripción que hace la arquitecta del estado del edificio es muy expresiva: “Los problemas estructurales eran graves: el edificio contaba con vigas roblonadas de hierro que descolgaban hasta los 2,20 metros de altura, lo que dificultaba enormemente el paso de instalaciones. Los forjados eran de muy poca entidad, y hubo que arriostrar el edificio, porque a viento funcionaba muy mal.”
“No existía ascensor, las escaleras eran caóticas: había unas ampliaciones de escaleras que habían desvirtuado el volumen curvo y la escalera de emergencia, que era exterior, hubo que integrarla en el interior. Los patios, que llegaban hasta los sótanos, se habían cubierto con cúpulas de cristal. El pabellón alto de despachos tenía un pasillo central con despachos a sur y norte, con lo cual eran despachos muy pequeñitos que no llegaban a funcionar bien, y los del sur con mucho calor. Se restauraron forjados y se colocaron pavimentos de vinilo por falta de espesor para capas de compresión.”

Fotografía: Alberto Amores
“Las fachadas originales del edificio eran de ladrillo. No tenemos prácticamente fotos, pero algunas muy antiguas muestran las fachadas de ladrillo con esta imagen como del Bergamín del Viso. Eso se había perdido. Había un revoco y unas albardillas muy feas, y algunos de los huecos habían perdido el remate redondeado, que viene también del Viso. Eso sí que queríamos recuperarlo y, además, nos permitió hacer unas albardillas nuevas para potenciar la horizontalidad de los despieces.”
“Las ventanas se colocaron alineadas a la cara interior de la fachada original de ladrillo. Se añadió el aislamiento necesario por el interior del cerramiento, rematándose el encuentro con los huecos con embocaduras de madera”.

Fotografía: Mónica Alberola
Ese espíritu racionalista ‘a la manera de Bergamín’ se encontraba también en la escalera, que Alberola cuenta que estaba destrozada: “Habían hecho unas ventanas arriba rectangulares con unas carpinterías muy cutres, Pero quedaba en la parte de abajo una media ventana casi destruida redonda, que no sabemos si sería original, pero dio la idea de incorporar el óculo.

Fotografía: Mónica Alberola
A medida que vas subiendo por la escalera había que controlar mucho las vistas porque hay un edificio un poco impertinente, y el óculo desplaza la vista y, sin embargo, por dentro, el abocinado mantiene el centro. Yo trabajo mucho en restauración y me gusta siempre aplicar temas históricos y, sin compararme con Herrera o Villanueva, este gesto está en la salida del patio del Jardín de los Frailes del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.”

Fotografía: Alberto Amores

Fotografía: Alberto Amores

Fotografía: Alberto Amores

Axonometría Atrio. Ver PDF

Fotografía: Alberto Amores

Fotografía: Alberto Amores
El gran tema de este proyecto es la unión de los dos edificios por la cual las dos fachadas enfrentadas pasan a ser un diafragma, un órgano que conecta dos volúmenes que están a diferente cota. “El espacio intermedio era un patio de unos 5 metros, abandonado, con escaleras de emergencia, un acceso a esos pabellones traseros que habían sido demolidos, y una escalera bastante empinada que conectaba con una galería en bóveda de plexiglás a la planta baja de la biblioteca”, describe Alberola. “El problema mayor que teníamos es que los niveles de un edificio y otro no eran coincidentes”, subraya. Además, el edificio antiguo había tenido varias ampliaciones, en las zonas de los patios y donde está el auditorio, en donde había una gran cafetería, todo a distintos niveles.”

Sección por patio aulas y Atrio. Ver PDF

Fotografía: Alberto Amores
La solución de la arquitecta fue cambiar el acceso principal —que no existía por la parte delantera— y anular la escalinata de acceso a la biblioteca. Aprovechando la topografía, se diseñó un vestíbulo parcialmente inclinado al 4% (lo que técnicamente no se considera rampa, por lo que no requiere barandilla), que salva el desnivel entre el pabellón 7 y el edificio 8 de manera gradual. Sólo fue necesario un salvaescaleras en un punto, que queda oculto. La cafetería es el volumen que resuelve la topografía en uno de los extremos del Atrio, porque permite acceder también, por la terraza de la planta de arriba.
Al extenderse longitudinalmente el vestíbulo, dos espacios importantes del proyecto –el auditorio y la cafetería–, aunque están situados en extremos alejados, quedan unidos a través del atrio.

Fotografía: Alberto Amores
El cerramiento del Atrio se concibió como un gran muro cortina que recoge la luz del norte, evitando sombras. Las lamas aparecen solo en la fachada oeste para protegerse del sol de la tarde, en una zona que no es de uso diario. Tanto en el muro cortina como en el resto de las soluciones de hueco, la selección del vidrio fue muy importante y se buscaba que, a pesar de tener muchas capas, no ‘verdease’. “Es un vidrio extra claro, por el que luché mucho”, dice Alberola.

Fachada Atrio. Secciones. Ver PDF (sólo para Suscriptores con plan Premium)

Fotografía: Mónica Alberola

Fotografía: Alberto Amores
La altura del muro cortina se elevó ligeramente para ocultar las máquinas de climatización situadas en las terrazas. “El ritmo de la fachada se ordena con la modulación marcado por pilares conformados con pletina de acero. Es bastante bonito porque además recoge las vigas prefabricadas de hormigón blanco que no son estructurales” , comenta Alberola.
El pavimento del vestíbulo, originalmente previsto en terrazo con juntas de latón, marcando el ritmo, se sustituyó finalmente por un porcelánico de gran formato. Alberola comenta que costó encontrar uno que jugara con el módulo estructural de 120 cm. Finalmente encontraron uno de 90 cm que modulaba bien en el conjunto.

Fotografía: Mónica Alberola

Fotografía: Mónica Alberola
El pavimento de las plantas superiores, de vinílico color arena, es consecuencia de cambios estructurales motivados por los modificados. La estructura nueva estaba prevista con losas alveolares para pasar las instalaciones. Finalmente se ejecutaron con forjados convencionales cerámicos y se perdió mucha altura lo que obligó a elegir la solución de menor espesor, colocando un modelo de vinílico, con una solución de mayor resistencia para baños y zonas de tráfico intenso.
En las aulas también se cuidó el acabado de los techos acústico, un elemento que a Mónica Alberola no le gusta utilizar. En este caso se aplicó un proyectado que le otorga un carácter más mineral e interesante, “Me hacía gracia la idea de meter gotelé en un techo acústico; matiza ese techo de agujeritos que se ejecutó muy bien”.

Secciones por Auditorio: transversal y longitudinal. Ver PDF

Fotografía: Alberto Amores
El auditorio es uno de los espacios más cuidados del proyecto. La definición de la caja acústica se hizo «intuitivamente» desde la racionalidad: una geometría que por sí misma garantiza un buen comportamiento acústico, con envolvente de paneles perforados y paneles facetados que se aprovechan para meter el cableado. Mónica Alberola comenta que también en este espacio hubo que adaptar la economía y frente al suelo de tarima industrial propuesto, se colocó una moqueta en la zona de butacas, que reconoce que seguramente funcionará mejor a nivel acústico, y en la zona de paso se colocó un parquet muy básico, pero dispuesto en bandas. Una solución que Alejandro de la Sota había utilizado en el Gobierno Civil de Tarragona, que Alberola había visitado en esas fechas por ser patrona de los Premios Alejandro de la Sota. Otro detalle que destaca Alberola, que ya había utilizado en una obra anterior (la residencia del embajador noruego en España) es que los peldaños entrada tienen embutida una pieza de Krion en el mamperlán, con el que queda resaltado el escalón.

Fotografía: Alberto Amores

Sección constructiva por Auditorio. Ver PDF (sólo para Suscriptores con plan Premium)
Las paredes combinan paneles perforados y facetados. Los paneles de madera facetados –tablero DM de 7 mm hidrófugo fresado y acabado en chapa de roble– fueron realizados artesanalmente por el carpintero. Mónica Alberola se encargó personalmente del diseño del facetado de todos los tableros, asegurándose de que las líneas de pliegue llegaran hasta los bordes para evitar el efecto marco que ofrecían los paneles industriales. Esa colaboración con los oficios interesa mucho a la arquitecta que con este tipo de soluciones demuestra que un edificio institucional se puede hacer con oficios y con detalles pensados para el mismo.

Fotografía: Alberto Amores
La cafetería permite el acceso desde la parte superior del campus a través de una terraza, de modo que los visitantes que vienen del campus entran por la cafetería, cogen el ascensor y bajan al atrio. Quienes vienen desde el jardín acceden directamente al nivel del atrio.
La envolvente de la cafetería sufrió un cambio drástico en el modificado: originalmente concebida con un lenguaje más tecnológico, se resolvió finalmente con un basamento de hormigón, una construcción de ladrillo y una chapa de acabado, separada del muro con perfilería atornillada.

Sección constructiva por Atrio y cafetería. Ver PDF (sólo para Suscriptores con plan Premium)
El proyecto de instalaciones fue “doblemente complejo”, afirma Mónica Alberola. Por un lado, la dificultad inherente de dotar de instalaciones modernas a un edificio existente; por otro, la imposibilidad de hacer catas para definir el proyecto de ejecución por cerrarse el Instituto de Salud Carlos III durante la pandemia. Cuando finalmente pudieron contrastar la información con la realidad. “Nos llevamos muchísimas sorpresas”, dice Alberola, “como la aparición de las vigas roblonadas, que descolgaban mucho.”

Sección constructiva por Atrio y edificio despachos (Pabellón 7). Ver PDF (sólo para Suscriptores con plan Premium)
A pesar de los recortes que obligaron a hacer cambios importantes, se mantuvieron detalles que aportan calidad arquitectónica a los espacios y que pueden considerarse una ‘marca personal’ de Alberola. Las instalaciones de iluminación, las rejillas de impulsión y extracción perdieron el orden con las que se habían planteado, pero las tapas de fancoils y distribución se diseñan con un diagrama de agujeros redondos muy querido por la arquitecta.

Fotografía: Alberto Amores
Desde la escalera del fondo suben las instalaciones y se distribuyen, bien recorriendo la fachada bajo las ventanas donde se sitúan los fancoils, bien recorriendo el pasillo central, por encima de unos trasterillos -una decisión de la propiedad para evitar la acumulación de objetos personales en los despachos- que se sitúan en una banda previa a los despachos. La posibilidad de bajar el falso techo en estos trasteros a 2 metros y la formación de un mueble continuo tapando los fancoils, permitió llevar los conductos de instalaciones por estas plantas del edificio 7, ya que las vigas existentes descolgaban a 2,20 e impedían el paso de las mismas.

Fotografía: Alberto Amores
En el auditorio la climatización se resolvió por aire, con impulsión lateral y superior. En la parte del vestíbulo, que corresponde a la fachada del pabellón 8, y en la cafetería se hizo una climatización por toberas –en la cafetería, colocadas muy bajas porque está la cubierta–. Las instalaciones exteriores —situadas en las terrazas de las aulas, detrás del atrio, a las que dan todos los despachos— debían haber tenido un cerramiento acústico que no se llegó a ejecutar, lo que la arquitecta lamenta profundamente. “Gracias al mobiliario de ‘instalaciones’ la aproximación a la ventana no es fácil y dirige la vista más hacia el cielo.”
En cuanto a la iluminación, una solución que sí se pudo mantener fue la colocar unos modelos de focos metidos en el falso techo que quedan enrasados y ofrecen una ejecución muy limpia.

Sección por vestíbulo acceso Biblioteca. Ver PDF

Fotografía: Alberto Amores. Vestíbulo o hall de la Biblioteca.

Fotografía: Alberto Amores. Vista frontal de la fachada norte con el acceso al Auditorio y lateralmente, fachada oeste con el acceso a la Biblioteca.
El jardín, negociado como encargo posterior, fue ejecutado por una UTE independiente del proyecto de la edificación con la que Mónica Alberola trabajó muy a gusto. La topografía era muy compleja, rodeada de carreteras que llegaban a la puerta trasera, con un diseño de jardín muy anticuado y lleno de elementos residuales, que Alberola resolvió con un planteamiento orgánico para conseguir las máximas distancias con mínimas pendientes. Los pavimentos exteriores son de hormigón desactivado, de cuya ejecución Mónica Alberola está especialmente satisfecha.

Fotografía: Alberto Amores

Emplazamiento y ajardinamiento. Ver PDF

Fotografía: Alberto Amores
La arquitecta, que ha trabajado durante años en la recuperación de los jardines de Vista Alegre de Carabanchel (Madrid), aplicó sus conocimientos de jardinería, porque no había presupuesto para contratar a un paisajista y diseñó espacios de riego controlado para asegurar un fácil mantenimiento. En la obra de Carabanchel trabaja con el arquitecto técnico Ramiro Garfella García, que ha sido el encargado de la urbanización de la Escuela de Sanidad. El acceso desde la calle superior al campus sigue sin resolverse (desde la puerta de acceso a la cafetería), a la espera de una intervención futura que depende de la continuidad administrativa del Instituto, una «pena porque ahí hay mucho que hacer».

Fotografía: Alberto Amores
Autoría: Mónica Alberola
Localización: Madrid
Colaboradores: María Casariego, Enrique de Teresa, Guiomar Martín (arquitectos); Juan Carlos Corona, David Gil, Juan Antonio Ramiro (arquitectos técnicos); JG (instalaciones y energía); FHERCOR (cálculo estructural); UTE (jardinería y paisajismo): Mab obras públicas y Sotobal
Fotografías: Alberto Amores
Promotor: Instituto de Salud Carlos III. Ministerio de Ciencia Innovación y Universidades
Empresa constructora: ACCIONA
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Publicado: Aug 17, 2026