Miguel Fisac, exposición y congreso

Redacción .

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El pasado 12 de mayo se cumplieron veinte años del fallecimiento del arquitecto Miguel Fisac (Daimiel 1913 – Marid 2006). Esta efeméride sirve para reivindicar su legado y continuar analizando su capacidad para proponer soluciones constructivas innovadoras con los recursos de la época, cuya funcionalidad derivaba siempre en una propuesta estética de gran potencia.

La Fundación Fisac, constituida en 2006 tras la adquisición de su archivo documental completo por parte del Colegio de Arquitectos de Ciudad Real, dirige y participa activamente en dos eventos clave que conmemoran la figura del arquitecto.

Doble exposición internacional

La Fundación Fisac organiza una exposición binacional entre su sede y la Universidad de Newcastle, centrada en sus célebres encofrados flexibles y su revolucionaria aportación al tratamiento del hormigón.

  • La primera muestra se inaugurará el 18 de junio en la sede de la Fundación Fisac (calle Carlos López Bustos, 3, Ciudad Real).
  • La segunda fase se desarrollará en el Farrell Centre (Newcastle) durante el último trimestre de 2026.

Viviendas en El Parterre, Daimiel (Ciudad Real, 1976). Fotografía cortesía de la Fundación Fisac.

Congreso Internacional en Bolonia

Por su parte, el Centro de Estudios Cherubino Ghirardacci, junto a In Bo, organiza el congreso internacional “Forma, materia y luz: la construcción del espacio sacro” en Bolonia (Italia). El encuentro cuenta con la colaboración de la Universidad de Bolonia, la Fundación Miguel Fisac y la Embajada de España en Italia, además del apoyo de diversas instituciones académicas vinculadas a la arquitectura contemporánea.

Conjunto de Teologado San Pedro Mártir, de los Padres Dominicos (Madrid, 1955). Fotografía cortesía de la Fundación Fisac.

El congreso tendrá lugar los días 25 y 26 de junio y contará con ponentes destacados como David García-Manzanares, presidente de la Fundación Fisac, quien intervendrá con la ponencia “La metamorfosis como identidad”. Durante ambas jornadas se analizarán los numerosos ejemplos de iglesias y capillas proyectadas por Fisac, así como la evolución de la arquitectura religiosa contemporánea. (Programa completo).

Iglesia de la parroquia de Santa Ana en Moratalaz, Madrid (1965). Fotografía cortesía de la Fundación Fisac.

Como complemento a esta noticia, se adjunta un texto de David García-Manzanares escrito específicamente con motivo del vigésimo aniversario del fallecimiento del maestro.

Fisac. 20 años

Miguel Fisac (Daimiel, 29 septiembre 1913 - Madrid, 12 mayo 2006)

 En 1971, cuando ya se había retirado prematuramente del cine y tenía el pelo completamente cano, con unas grandes gafas negras de pasta que le tapaban una sorprendente cara de luna llena, Cary Grant fue invitado a una gala en honor a John Ford. Al llegar al Beverly Wilshire Hotel, donde se iba a celebrar el acto, advirtió que había olvidado la invitación, y así, como quien improvisa un gesto menor confiando en que el mundo todavía lo reconozca, se acercó a recepción y se presentó simplemente como “Cary Grant”. El recepcionista, observando con detenimiento aquella cara oronda y envejecida, y quizá buscando la huella del galán que había visto en las películas, receló de aquel desconocido que no se parecía al recuerdo estilizado que el cine había fijado en la memoria colectiva, y dijo: “No se parece usted a Cary Grant”. A lo que este respondió —como si aún estuviera dentro de una screwball comedy de Howard Hawks—: “¡Nadie se parece a Cary Grant!”.

Hay en esa anécdota una advertencia silenciosa sobre el éxito, que congela un rostro, un gesto o una forma de hacer hasta convertirlos en máscara, y, más allá, sobre el peligro que encierra toda máscara, porque incluso la más celebrada y certera termina por volverse una cárcel; y de la misma forma, todo artista, cuando se consolida, tiende a repetirse. Decía Francisco Umbral que “el éxito es una monotonía, un ser uno igual a sí mismo”; la obra de todo artista tiende a ser mimética, quizá con la secreta esperanza de que repetir un ademán pasado permita revivir resultados similares; pero también por una cierta presión exterior, que empuja a seguir transitando los senderos ya reconocidos, aquellos por los que el público sabe orientarse sin esfuerzo.

No fue este el caso de Miguel Fisac (Daimiel, 1913 - Madrid, 2006), en cuya arquitectura no encontramos una cómoda reiteración de fórmulas, sino una sucesión inquieta de etapas que se relevan unas a otras como si cada nueva obra necesitara, para existir, negar la anterior. Fisac no parece interesado en consolidar una imagen, ni siquiera en preservar una coherencia estilística reconocible, sino en mantenerse en un estado de búsqueda permanente.

Así, inicia su andadura en los primeros años de la década de 1940, con la Iglesia del Espíritu Santo y con el complejo de edificios del CSIC, adoptando un lenguaje neoclasicista. Aquellas obras, celebradas y elogiadas por escritores tan prestigiados como Lafuente Ferrari o Camón Aznar, parecían anunciar una carrera segura, asentada en un territorio que otros ya habían recorrido antes con éxito.

Pero algo se quiebra pronto en esa aparente estabilidad, y Fisac, que no era hombre de certezas duraderas, comienza a sospechar que aquella arquitectura, por correcta y culta que fuese, “no era camino vivo para crear arquitectura”.

Instituto Laboral en Daimiel (Daimiel, Ciudad Real, 1951-1953). Fotografía cortesía de la Fundación Fisac.

Con esa inquietud, en 1949 recibe el encargo del ministro de Educación para proyectar una serie de institutos laborales por toda España. El primero de ellos se construye en su pueblo natal, y con él Fisac inicia un giro enérgico en su manera de entender la arquitectura. Aquella obra no se parece a nada de lo que había hecho antes, ni a casi nada de lo que se estaba haciendo entonces en España. Influido por la arquitectura orgánica que había conocido en sus viajes por los países nórdicos, plantea un sistema proyectual basado en el diseño individualizado de cada espacio, optimizado según su función, y en su posterior engranaje, siendo el proyecto la concatenación de estos espacios. Es lo que denominaba “arquitectura del mondongo”, en una metáfora sobre el estómago de los rumiantes, que tan familiar era en su origen manchego. Se produce, así, la primera ruptura en la obra de Fisac, que no es sólo estilística, sino también moral, porque supone renunciar a la comodidad de lo conocido para adentrarse en un territorio incierto; y que, al tiempo, comienza un periodo de apertura, en lo arquitectónico, de España hacia el resto de países occidentales, en un contexto reacio a esos encuentros con la cultura imperante en el resto del mundo.

Centro de Estudios Hidrográficos (Madrid, 1960). Fotografía cortesía de la Fundación Fisac.

Así transcurre su obra hasta que, ya en 1960, Fisac inicia la década con un nuevo giro estilístico, quizá uno de los más fértiles y reconocibles de su trayectoria. En el proyecto para el Centro de Estudios Hidrográficos, junto al río Manzanares, se enfrenta a un condicionante singular: la necesidad de proporcionar una iluminación uniforme a los espacios interiores y la necesidad de salvar grandes luces con los medios constructivos disponibles en la España de la época. De ese doble desafío surge la invención, casi biológica, de unos elementos prefabricados de hormigón que se unirían y postensarían en obra, funcionando como una única viga continua y resolviendo, al mismo tiempo, la entrada de luz y la cubrición de la nave. Nacen así las célebres “vigas-hueso”, llamadas de este modo por su parecido con los huesos de los vertebrados, donde forma y función se funden en una sola pieza.

Edificio IBM (Madrid, 1967). Fotografía cortesía de la Fundación Fisac.

Durante toda la década de los sesenta, la arquitectura de Fisac estará marcada por el empleo de estas vigas-hueso, ensayadas en múltiples variantes y aplicadas a obras muy diversas: desde la Iglesia de Santa Ana en Moratalaz hasta las Bodegas Garvey en Jerez, pasando por el edificio de oficinas para IBM en el Paseo de la Castellana. Aquellas vigas se convirtieron en un lenguaje de gran plasticidad, dotando a sus edificios de una imagen poderosa y otorgando a Fisac una firma reconocible, casi una marca de autor.

Bodegas Garvey (Jerez de la Frontera, Cádiz, 1968). Fotografía cortesía de la Fundación Fisac.

Sin embargo, en 1969, al proyectar el Centro de Rehabilitación para MUPAG, en Madrid, comienza a cuestionarse la propia naturaleza del hormigón. Si este material, cuando es vertido en los encofrados, posee una textura casi líquida, ¿por qué, al endurecer, debe adoptar siempre una apariencia pétrea que niega su origen? De esa pregunta, casi infantil en su sencillez, surge una de las investigaciones más audaces de su carrera. Fisac experimenta en obra con entramados de madera, plásticos y alambres, utilizándolos como encofrado, de manera que, al fraguar, el hormigón conserva una textura blanda, ondulante, que remite a su estado inicial, a ese origen fluido y blando.

Nacen así los encofrados flexibles, que Fisac ensaya después en el edificio para la Editorial Dólar y, a mayor escala, en el edificio de viviendas del Parterre, en Daimiel. Se inaugura de este modo una nueva etapa estilística, en la que se pasa de las vigas-hueso a una arquitectura centrada en la epidermis, en la envolvente, en la dimensión sensorial del material. Podría decirse que Fisac transita de la ética del hormigón —entendido como respuesta estructural— a la estética del hormigón, utilizado ahora con fines plásticos y expresivos.

Tenemos, así, una concatenación de estilos que se suceden a lo largo de su biografía profesional y que, lejos de integrarse de forma armónica, parecen negarse unos a otros, como si cada nueva arquitectura necesitara borrar las huellas de la anterior.

En su etapa final, como un epílogo sereno, Fisac parece buscar una reconciliación de todos esos caminos recorridos. En su vivienda de Almagro combina la arquitectura popular con los encofrados flexibles, y en su última obra, el Pabellón de la Alhóndiga de Getafe, entremezcla las vigas-hueso en la cubierta con los encofrados flexibles en la fachada, como si quisiera demostrar, ya sin ansiedad, que todas sus arquitecturas podían convivir en un mismo edificio.

Casa Fisac (Almagro, Ciudad Real, 1978). Fotografía cortesía de la Fundación Fisac.

Pero por si esta trayectoria no bastara para justificar la vida de un artista, Fisac participó activamente en la esfera cultural de España, y durante al menos tres décadas su nombre era sinónimo de arquitectura para el conjunto de la población, publicando artículos con constancia casi obsesiva en toda la prensa de tirada nacional (El Mundo, ABC, Ya, La Vanguardia, Pueblo…). Y asimismo fue autor de propuestas urbanísticas disruptoras, como “La molécula urbana”, publicado en 1969, donde abogaba por el concepto de convivencia socializada. Y como suele suceder con quien se hace acreedor, esa participación activa en la sociedad tuvo eco en forma de los más importantes galardones a los que se puede aspirar: Premio Superior de Arquitectura de Madrid (1942), Medalla de Oro en la Exposición Internacional de Arte Sacro de Viena (1954), Medalla de Oro de la Arquitectura (1994), Medalla de Honor del Círculo de Bellas Artes (1999), Premio Nacional de Arquitectura (2003)… Fisac ha sido objeto de múltiples exposiciones y congresos internacionales, y Munich (1993), Oporto (2022) o Bolonia (2026) son sólo una brevísima muestra de ello.

Es indiscutible: en Fisac hay algo de aquel Cary Grant al que no reconocían en la recepción de un hotel. Nadie se parece a Fisac, ni siquiera Fisac, porque la verdadera fidelidad de un creador no consiste en parecerse siempre a sí mismo, sino en aceptar que la arquitectura, como el hormigón fresco, exige ser moldeado una y otra vez, en una sucesión continua de exploraciones contradictorias entre sí, aun a riesgo de no ser reconocido por quienes sólo saben mirar hacia lo conocido. Y, desgraciadamente, ahora que se cumplen 20 años de la muerte del arquitecto, con Miguel Fisac corremos el riesgo de cometer el mismo error que con Cary Grant: olvidar demasiado pronto a quien formó parte esencial de nuestro marco cultural durante la segunda mitad del s. XX.

David Gª-Manzanares Vázquez de Agredos

Presidente Fundación Miguel Fisac


Editado por:

Redacción .. Tectónica

Publicado: May 14, 2026

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Fecha de inicio: Jun 20, 2026

Fecha de fin: Jun 26, 2026

Lugar
Ciudad Real, Bolonia, Newcastle
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