La Iglesia del Espíritu Santo es una construcción que, a pesar de contar con recursos muy limitados, transforma por completo la experiencia espacial. Lo logra gracias a la precisión de sus detalles, que son los que verdaderamente aportan la carga emocional a una obra de arquitectura. Dos voces acompañan el relato, la de la arquitecta, Elisa Valero y la del también arquitecto Ignacio Valero, responsable del diseño de la iluminación, quien relata cómo se logró una luz partida, y multicolor, en la iglesia.
La iglesia del Espíritu Santo es de sus feligreses. En un barrio popular de Granada, los feligreses estuvieron ahorrando durante más de una década para poder construir su templo. Cuando el proyecto finalmente arrancó el presupuesto disponible era suficiente, pero extremadamente ajustado. De manera que la arquitecta Elisa Valero recibió el encargo de proyectar la iglesia más generosa que fuera posible diseñar con aquel presupuesto tan limitado.
"Raras veces se construye algo imposible.
Durante catorce años, este proyecto, en la zona norte de la ciudad de Granada era considerado necesario, pero imposible.
En un largo proceso de depuración, este trabajo ha ido desprendiéndose de todo lo que no era estrictamente necesario, hasta quedar desnudo, reducido a su esencia. En esto subyace un posicionamiento que va mas allá de las fuertes restricciones económicas. La optimización de los recursos y la minimización del descarte se convierte en una cuestión ética fundamental.
El resultado es, al exterior, un edificio neutro, sobrio, cuyo color y silueta recuerda los cercanos picos de los Montes Alayos. En su interior alberga un espacio de encuentro donde lo intangible, la luz y la palabra, se convierte en protagonista." Elisa Valero

Fotografía: Fernando Alda.





Fotografía: Fernando Alda.
El condicionante económico aún se volvió más exigente con el tiempo. La pandemia primero, y la crisis energética después, impactaron con mucha fuerza en los costes de la construcción, obligando a la arquitecta a reducir la arquitectura a lo verdaderamente esencial.
El proyecto de Elisa Valero está construido de espacio y luz, sobre una narrativa muy eficaz.

El maravilloso espacio interior lo estructuran una pocas e inteligentes decisiones: el suelo sube en una ligera pendiente hacia el altar, las paredes y el techo se pliegan rítmicamente, y la sección expande hacia arriba el volumen de la nave. La estructura de luz la proporciona la secuencia de siete lucernarios en techo el último de los cuales, el que cubre el altar, está sobredimensionado. Toda la luz viene desde el cielo. La narrativa de la arquitectura de Elisa Valero refiere esta sucesión de luz cenital a los siete dones del Espíritu Santo.

Fotografía: Fernado Alda.
La secuencia de los siete lucernarios cenitales dirige la luz natural siempre hacia los feligreses. Es luz que llega desde la misma dirección del altar al que miran. Esa luz natural y su evolución a lo largo del día es la luz de esta iglesia.
En ese contexto de arquitectura y experiencia de uso se plantea el proyecto de vidriera realizado conjuntamente por el equipo de Arkilum y Elisa Valero. El diseño de la vidriera tiene el objetivo de subrayar la arquitectura de luz natural ya definida mediante el uso del color.
Los retos de diseño de la vidriera eran tres. En primer lugar, era necesario hacer un uso sensible del color. La presencia del color en la propia vidriera era deseable, no así el efecto de una arquitectura interior permanentemente teñida de color. En segundo lugar, teníamos el reto de la asimetría. Por la orientación de la iglesia, fijada urbanísticamente, el impacto de la componente directa de la luz solar se producía sólo sobre una de las paredes, rompiendo la simetría que el espacio requiere. Finalmente, teníamos el reto económico. No había presupuesto disponible para esta vidriera, de manera que se buscaba lo más próximo a una solución sin coste.
La solución a los tres retos llegó de la mano del vidrio dicroico. En este caso, de las últimas lunas de vidrio Narima de Schott, las lunas que quedaron sin vender cuando cesó la producción y se cerró la fábrica.
La gestión del color en la arquitectura se consiguió disponiendo las costillas de vidrio dicroico perpendiculares a los lucernarios. De esa manera, la arquitectura recibe siempre la luz de bóveda celeste, la componente difusa de la luz natural, y se garantiza una iluminación suave, homogénea, sin color. Con las costillas de vidrio en esta posición respecto del plano del lucernario, sólo se activan cuando incide luz directa. E incluso en esas horas, el paso de la luz de bóveda celeste hacia la nave está garantizado. La vidriera existe siempre, desde la nave se pueden disfrutar su secuencia de colores al mirar hacia arriba, pero nunca tiñe el espacio de color, ni siquiera cuando incide luz directa sobre la misma.

Detalle del lucernario. Dibujo original de Ignacio Valero (Arkilum). Las lamas de vidrio dicroico de la vidriera se colocan tras las carpinterías del ventanal corrido que permite la iluminación e impide la entrada de lluvia en el lucernario. Las lamas se colocan de canto –perpendiculares al lucernario– de modo que al incidir los rayos solares sobre ellas lo hacen sobre el lateral, que es donde el vidrio tiene aplicado la capa de óxido que va a dejar pasar ciertas longitudes de onda y reflejar, en sentido opuesto, las que no pueden atravesar dicha capa. de este modo la luz blanca del sol se desdobla en dos haces de luz – transmitido y reflejado– de diferente coloración.
El problema de la asimetría en el efecto de luz de la vidriera sobre la arquitectura lo resuelve la condición física del recubrimiento dicroico. Por la orientación del templo, la luz solar directa impacta sólo durante unas horas, en horario de mañana. Lo hace desde una dirección rasante a los lucernarios y su efecto queda recogido en una de las paredes laterales. En este horario, aparece sobre la citada pared una delicada secuencia de colores producidos por la luz que atraviesa las costillas de vidrio. El equilibrio, la simetría, la restablece el recubrimiento dicroico. La luz incidente en la secuencia de costillas de vidrio se parte, literalmente, en dos. La luz se abre. Hacia una de las paredes laterales llegan las longitudes de onda, los colores, que pueden atravesar el recubrimiento dicroico, y hacia la otra pared se refleja aquella parte de la composición espectral de la luz que no puede hacerlo. La simetría está restablecida: hacia un lado tenemos la luz transmitida y hacia el otro la luz reflejada. El vidrio dicroico ha partido la luz, y al hacerlo, ha desvelado la riqueza cromática de la luz blanca.
El efecto, de enorme fuerza plástica, va variando a lo largo de las horas con luz solar directa, hasta desaparecer. Dejará el templo bañado por la luz difusa de bóveda celeste, la luz de su arquitectura. Y volverá, con su particular simetría, al día siguiente.
El reto del coste se pudo asumir gracias a la colaboración de Schott, fabricante de los vidrios dicroicos Narima durante décadas. Por motivos de gestión interna de la compañía se decidió cerrar el centro de producción de los vidrios Narima en 2022. Eran los únicos vidrios dicroicos existentes con dimensiones de lunas arquitectónicas. Quedan en producción, por otros fabricantes, vidrios dicroicos para usos industriales, pero tienen formatos mucho más pequeños. La oportunidad de un vidrio dicroico del tamaño de una ventana ya no va a existir. Nos pusimos en contacto con el equipo de Schott y les propusimos hacer un último homenaje a este material, tan querido por los que trabajamos con luz. La respuesta fue extraordinaria, y el proyecto recibió las últimas lunas de vidrio Narima que había en la fábrica a un precio simbólico.

Secuencia. Fotografías: Fernando Alda.
"La parroquia es además un foco de vida social. Los vecinos del barrio del Almanjáyar la entienden como casa propia y ayudan a financiarla con muchos pequeños donativos mensuales.
Construirla ha exigido renunciar a muchas cosas, pero nunca a la excelencia." Elisa Valero
Proyecto: Elisa Valero Ramos, arquitecta
Dirección de obra: Elisa Valero Ramos, arquitecta / Leonardo Tapiz Buzarra, arquitecto / María López Olid, arquitecta técnica / Francisco Torres Ramírez, arquitecto técnico.
Diseñador de luz: Ignacio Valero Ubierna, arquitecto - Arkilum
Promotor: Parroquia del Espíritu Santo
Empresa Constructora: Construcciones Calderón S.L.
Prefabricados de hormigón: Prefabricados Lecrín S.A.
Vidrios: Schott
Fechas de inicio y finalización: abril 2022 - agosto 2023
Superficia: 1.106,20 m2 construida
Situación: Calle Joaquina Eguaras, 22, Granada
Fotógrafo: Fernando Alda
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Publicado: May 11, 2026