La aparición en el mercado de las islas acústicas ha permitido la evolución de los techos, concebidos previamente como soluciones bidimensionales con posibilidades de diseño limitadas al plano del techo, dando paso al desarrollo de los techos en tres dimensiones, que posibilitan a arquitectos, diseñadores e ingenieros acústicos abordar soluciones técnicas con gran libertad en las soluciones estéticas.
Para corregir los problemas de ruido generado en el interior de los espacios, la solución más habitual consiste en revestir los techos con materiales absorbentes de sonido. Esta es una manera muy eficiente de actuar debido a la gran superficie libre disponible en los techos, ya que cuanta más superficie absorbente sea expuesta al sonido, mayor será la reducción de la reverberación y de los niveles de ruido. Los sistemas tradicionales de techos acústicos de pared a pared continúan siendo la solución más eficiente al problema del ruido, especialmente cuando se trata de frecuencias bajas. Sin embargo, la aparición de las islas acústicas, que son más fáciles y rápidas de instalar, ha revolucionado las opciones de diseño.
El hecho de que en las islas, tanto la superficie vista, como la cara posterior, estén expuestas al sonido, las hace muy interesantes, ya que su “área de absorción equivalente” (Aeq), que determina el rendimiento de las islas, es mayor que su superficie, puesto que todas sus caras funcionan activamente en la absorción del sonido.
Esto significa que cubriendo el 60% de la superficie de un techo con islas es posible alcanzar resultados similares a los de un techo plano en el que se ha revestido completamente su superficie, y proporciona además otras opciones de diseño.
Los espacios abiertos son cada vez más comunes en los edificios, lo que implica que el ruido se está convirtiendo en un problema muy habitual que genera molestias a los usuarios. Al mismo tiempo, en estos espacios disminuye la extensión de las superficies susceptibles de ser tratadas acústicamente, por lo que en muchos casos, la mejor solución pasa por instalar islas, que dan lugar a mejoras tanto estéticas, como acústicas. En ocasiones, en grandes espacios no es posible ni práctico instalar un techo continuo de pared a pared. Por ejemplo, cuando se trata de un artesonado en un edificio histórico, cuando el techo está formado por la propia estructura o es una cubierta acristalada, las islas permiten acondicionar y conseguir además impresionantes diseños, sin alterar la esencia del conjunto.
Pero no todas las islas son iguales. La característica principal a tener en cuenta para asegurar el rendimiento acústico de una isla es el espesor: a mayor espesor, mejores resultados. Otro aspecto importante es el “área de absorción equivalente” (Aeq), que determina la cantidad de sonido que absorbe una isla. Cuanto mayor sea el valor Aeq, mejores serán los resultados. Una isla acústica eficiente debería tener un valor Aeq mucho mayor que su superficie, aunque sin llegar a ser el doble. Por ejemplo, una isla cuadrada de 1.200 x 1.200 mm, con 1,44 m2 de superficie, tendrá un valor Aeq de 2,2 - 2,8 m2 sabin a 1000Hz, dependiendo de la altura a la que se instale.